Fútbol
La fiesta del Dépor no se mancha
junio 2, 2026
Por: Zeltia Regueiro
¿Te has cansado de tanta fiesta? Terminó la temporada, el Deportivo subió a Primera y en A Coruña estuvimos dos semanas celebrando el histórico regreso a la élite después de ocho largos años. Una longa noite de pedra que tocó a su fin. Las celebraciones ya habían comenzado dos semanas atrás después de la victoria ante el Valladolid, siguieron de madrugada en la Fan Zone a la que tanto jugo le está sacando este año el club blanquiazul y se sucedieron durante la siguiente semana, con recepciones y visitas varias. La fuente de Cuatro Caminos, en el pasado único punto neurálgico de las celebraciones, se tenía que conformar, como cuando se logró el ascenso a Segunda División, con ser de nuevo la última parada de los fastos. Porque después del partido de guante blanco ante Las Palmas, en el que el respetable celebró tanto los goles propios comos los del cuadro pío-pío, todo parecía teledirigido hacia otra celebración controlada en el campo. Igual que el año de la victoria ante el Barça B. La de ese gol de Lucas Pérez, un tanto que no vimos en un vídeo en el que el club recordaba el infame periplo hasta regresar al primer escalón de la élite del fútbol nacional. Pero en esta ocasión no fue así. A pesar de los intentos por parte de la megafonía para parar la invasión de campo, estaba llevaba minutos gestándose. Realmente ya en esa semana en las redes sociales. In situ, en el campo, a partir del minuto 80 cientos de seguidores abandonaban las gradas superiores para ubicarse en las escaleras de las inferiores, preparados para saltar una vez sonase el pitido final.

Como en las celebraciones del pasado, como había ocurrido el día en el que se ganó la Liga. No se le pueden poner puertas al campo y con esto no justifico ni mucho menos los posteriores destrozos que algunos causaron en el césped o en las gradas. Pero querer en cierto modo coartar esa explosión de felicidad obligando a los aficionados, esos a los que tanto veneras y piropeas, a parapetarse en su asiento mientras montas un escenario es algo ingenuo. Porque no había seguridad ni tampoco por otra parte intención de parar ese tsunami. Y observándolo desde arriba veías como aficionados de todas las edades, no solo los más jóvenes, familias enteras, personas mayores, cantaban, celebrababan, bailaban y prácticamente besaban ese césped que tanto barro soportó. El mismo que los miles de valientes que han sostenido al Dépor en estos años lejos de la máxima competición. Inevitable no sonreír ante esa incontrolable explosión de júbilo y ese orgullo blanquiazul. Y cuando la afición volvió a sus asientos (en cierto modo gracias a la mediación de uno de los capitanes, Diego Villares) tocó la otra fiesta. La programada, la menos espontánea. Admito el puntazo de traer a Italo Brothers para entonar el tan célebre Stamp of the ground, aunque ya puestos a recordar himnos también pudo sonar el del Deportivo, que ha desaparecido el estadio, la canción de Mar de Fondo 1906 o Nos van a ver volver de Coego.

Lo mejor de esos festejos en el campo fue para mí la vuelta de honor del equipo y el momento en el que los jugadores, más desinhibidos, cogieron el micrófono. Para culminar, el peregrinaje a Cuatro Caminos, donde esperaban más de 20.000 feligreses y unas vallas que tantos ríos de tinta han hecho correr. Y fin a las celebraciones, después de dos semanas de borrachera emocional y deportiva. Yo me quedo con la espontaneidad de la invasión, que me transportó a otra época. Una en la que yo misma, un año en la última jornada liguera a la que fui con mi padre, bajé al campo y me llevé, como si de un tesoro se tratase, un pequeño terrón de césped, con la esperanza de que creciese en el piso. Este domingo muchos niños que no conocieron nada del pasado glorioso del Dépor pudieron grabarse un primer recuerdo exitoso y una experiencia irrepetible. Algo que ninguna fiesta con escaleta les habría podido brindar.
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